sábado, 7 de agosto de 2010

Ayer fui a ver una obra de un famoso director. Hubo pólvora, agua, y mucha gente rica y pretenciosa. Cuando terminó la obra le dijeron a mi padre que el director lo quería ver, el no se asombró, yo tampoco (ya me acostumbré a que “todo el mundo” quiera hablar con él), solo asintió con la cabeza y cogió mi mano para que lo acompañara. Entrando a los camerinos escuché gritos, eran del director, parecía una persona muy arrogante. Mire a mi padre y estaba serio, más de lo normal –es la persona más arrogante que haya conocido-dijo. En ese momento solo pensaba en una cosa: ¿de qué sirve ser exitoso, famoso, grande, si no se es buena persona?